Amadisdetiana

Amadisdetiana
Luis López Sanz

viernes, 28 de octubre de 2016

SPOILERS

Viajo en el tren, enfrente de mí una chica lee una novela, de vez en cuando levanta la vista y parece pensativa, supongo que debe ser a causa de su libro. Con mucho esfuerzo consigo ver el nombre del autor: Orhan Pamuk, recuerdo este nombre como premio nobel turco en 2006. Me interesa ahora ver el titulo de la portada, la muchacha cierra de vez en cuando el libro y observa a su alrededor, pero parece no mirar. Con dificultad  y disimulo consigo leer el titulo: ‘Kara Kitap’, ni idea, parece un nombre propio, pero necesito saber más.
    Lo busco en el móvil: Wikipedia en marcha, ya leo  los títulos de las novelas de Pamuk pero no está, busco un poco más, al fin, sí que estaba, el título en castellano es ‘El libro negro’. Significa que ella lo está leyendo en turco. La observo, podría ser turca, o no: cabello negro, ojos negros bonitos y grandes, no exagero si digo que es guapa, pero no exótica ni furiosamente atractiva, porque el resto de su forma: ropa y adornos, son iguales a los de cualquier mujer joven de ciudad occidental: muy poco maquillaje y discreción, pero con cierta elegancia. No creo que sea estudiante de turco en Barcelona, no es muy habitual estudiar este idioma por aquí. Me gustaría que alguien la llamase por el móvil para escucharla hablar.  No hay suerte.
    Sigo leyendo en Wikipedia, busco el tema de la novela, me entero en unas cuantas líneas, creo que es una buena obra, parece próxima al género negro, hay desaparición y un crimen, de modo que ya sé cómo acaba ‘Kara Kitap’. Me intriga, y me pregunto qué pasaría si de pronto  le explico a ella el final de la historia. Puede ser que me pegue un bolsazo, es bastante probable; puede ser que cierre el libro y que me diga que gracias por habérselo  dicho  porque le parecía pesadísimo y estaba a punto de dejarlo, o puede ser que no me entienda, aunque lo veo difícil  porque no parece una turista: su ‘aire’ no es el de una  despistada de afuera que mira constantemente la pantalla de las paradas y el nombre de las estaciones; ni siquiera se fija en el posible paisaje. De las tres posibilidades la que más me gusta es la primera; me la merecería por imbécil y por spoiler, y pienso un poco en ellos durante el trayecto.
    Un buen spoiler es ese amigo que cuando te va a explicar un chiste ya te lanza el final antes de acabar; un spoiler  es una eyaculación precoz; es un rompe fiestas, en definitiva, es alguien que te anula todo el proceso que media desde que inicias algo hasta que lo terminas, y nos quita la experiencia de recorrer ese camino que también forma parte del necesario placer, porque como se decía, o se dice, lo importante no es llegar a un sitio, sino ir.
    Claro que hay situaciones en que la función reventadora del spoiler no tiene sentido, por ejemplo, cuando comenzamos a saborear una buena copa de whisky, ningún ‘enteradillo’ nos puede arrebatar ese tiempo intransferible que vivimos  antes de llegar al final de la copa, aunque nos chive los sabores y secretos de nuestro whisky: no puede hacernos ese daño, es imposible, como tampoco tiene función el spoiler si leemos  ‘En busca del tiempo perdido’ o vemos ‘Esperando a  Godot’, es bien evidente, en casos como estos, el spoiler sería tan inútil como tomarse dos Viagras para ir a misa.
Sin embargo,  un spoiler celestial sería nocivo si nos advirtiese de cómo y cuándo será nuestra muerte, su efecto sería terrible porque  a partir de ahí todo el proceso vital perdería  su sentido, y la ‘belleza’ del misterio de para qué estamos aquí quedaría enterrada, porque entonces descubriríamos que, hagamos lo que hagamos, el final ya está escrito y sentenciado. Vaya gracia
    En la ausencia de ese spoiler profeta, que afortunadamente no existe, el placer de la vida es ir construyéndole el sabor poco a poco, y descubrir  —si es que es posible—, cual es el sabor final que queda después del último trago o de la última línea, porque el sabor de las cosas, como en  el buen whisky; como en el largo juego del amor o como en el avance de una lectura, es el placer de descubrir que su conocimiento ha sido progresivo, y  si todo se ha hecho bien, quedan deseos de volver a repetirlo, aunque no siempre sea factible.
    Por eso creo que de la misma manera que un buen final puede salvar una mala novela, o un beso apasionado y sincero puede abrir nuevas esperanzas tras el ‘gatillazo’, es la muerte la que  da sentido a la vida si tenemos la capacidad de saborear todo lo pasado, pero hay que recorrer todo el tramo, y que nadie nos lo patee.
    De todas formas, a los pocos días comencé a leer ‘Kara Kitap’, aunque ya conociese el final, con lo que desinflo un poco a los dichosos spoilers. Y si alguna vez me vuelvo a encontrar en el tren a aquella mujer, le explicaré todo esto y más, sin ningún riesgo de que me pegue con el bolso, porque ella ya habrá terminado su lectura. O, a lo mejor, aún así me lo pega. ¿Hay quién sepa seguro cómo puede reaccionar?  Pues que no me lo diga.
    Por cierto, al principio del primer capitulo, hay un epígrafe:
    Adli:  ”No uses epígrafes porque matarían el misterio de la lectura”.

                                                     ________ * ________


lunes, 24 de octubre de 2016




ALLEGRO MA NON TROPPO   (El scherzo revisado)

A Marihuana Well, un tipo al que no conocí.

Poesía fue cuando me detuvieron conduciendo borracho, de madrugada: Diagonal arriba como una exhalación ¿Recuerdas?: habíamos huido de un muermo de juerga que alguien, no sé quien, organizó en no se dónde, ni por qué, ni para qué. Sin conocerte te dije ¿Te vienes, bonita? claro, pues claro. Chaqueta al hombro, con un coche que alguien nos dejó sin saberlo y el mundo que se nos hace pequeño.

    La ruta del Rompeolas, bajo la luna,  era la superautopista europea número 4.
    —¡Frena que esto se acaba!
   Frenazo brusco y casi nos tragamos las rocas del final, nos descalzamos y seguimos corriendo por las piedras, hasta darnos de narices con el mar más negro de todos los mares,  y el cielo más oscuro del universo.
    Allí se acababa el mundo y comenzaba el infinito: infinito me hubiera gustado que hubiese sido el tiempo que estuvimos...bueno, tú ya sabes.
    Pero las luces atraen y a nuestras espaldas las calles de Barcelona hervían; la música;  y el  bullicio;  la jarana; la bronca y el jaleo. El último beso precipitado bajo las estrellas y regreso veloz al coche antes de que algún mierda nos desinflase la noche.
   Autopista europea número 4,  ruta del Rompeolas, camino deshecho en sentido contrario, con la marcha larga y el pedal de la derecha apretado a tope.
    Jagger alucinaba encerrado dentro del CD.
   ¿Qué te creías viejo carrozón, que eras tú el único loco? y le damos un toque al Daniels que no compartimos con él.
    Final del rompeolas, Barceloneta, Ronda Litoral, A19, Gran Vía, volamos por la calle Aragón, giro imprevisto por no sé qué calle y recto hasta la Diagonal.
     ¿La Diagonal? No, esto  no es la Diagonal, esto es la pista de despegue.
    —¡Hey ¿Adónde vamos?!
   —No importa ¡no importa! Anda bonita, saca el Jack Daniels que está dando tumbos por ahí detrás ¿Has visto?: ni tres minutos en llegar hasta aquí.
    —¡El semáforo!
    —Olvídalo nena, llevamos saltados más de una docena.
    —Me parece que nos sigue la poli.
    —Jugaremos un poco.
    De repente, sin pedir explicaciones un energúmeno que se cruza.
    —¿De dónde habrá salido el imbécil  ése? —.Frenazos, chirridos y un batacazo brutal.
    —Bye, Bye, que os sea leve nenes.
    Un poco más adelante lo empiezo a tener mal, el coche de la pasma, empeñada en estropearnos el vacile, se atraviesa en mi camino, no tengo más remedio que frenar clavando el morro en el asfalto, sale humo de los neumáticos, de mi cabeza creo que también.  Mientras se acerca un policía,  aún tengo tiempo de darle otro buen toque al Daniels.
    —¿Dónde irá el pavo este con gafas de sol en plena noche?
    Yo me eché a reír y nos miramos, ¿recuerdas?,  te dije:
    —Tú tranquila nena, estamos en familia —.Por un momento me sentí como Bogart.
    El poli que abre la puerta de golpe y me grita:
    —¡Hijoputa, estas conduciendo borracho!
Yo le contesto:
    —Borracho no, ¡Borracho no! ¡¡Borracho no!!..., allegro, ma non troppo.
    La pasma que no tiene sentido del humor, me arranca del coche y de un puñetazo me tira al suelo, y claro, uno  también tiene su genio, me levanto y se lo devuelvo: gafas rotas y policía sangrando. Ahora si que se me va a caer el pelo, empiezan a aparecer policías por todas partes.
    Y es que, y es que cuando nací recuerdo que ya me lo dijo Bob Dylan:
    “Nano, tu has nascut amb la guitarra desafinada". (1)

                                                   ___________*____________

(1)   Muchacho, tú has nacido con la guitarra desafinada


Imagen: acrílico de Joan López

PEQUEÑA REFLEXION SOBRE LA CRÍTICA

PEQUEÑA REFLEXIÓN SOBRE LA CRÍTICA

La crítica es un arte, y es un arte muy difícil con un importante componente creativo. El crítico ha de aceptar la crítica a su trabajo, y antes de ejercerlo, ha de hacer una profunda reflexión acerca de sí mismo y sobre aquello de lo que va a emitir un juicio. Y esta reflexión es necesaria porque ha de liberarse de prejuicios, clichés, ideas infundadas y tener bien claro cual va a ser su posición respecto al objeto de la crítica para alcanzar a comprender la intención del texto; ha de conocer lo que va a enjuiciar y definirse a sí mismo  su posición respecto al objeto, desde que ángulo va efectuar su crítica, en qué momento o  ámbito lo va a ubicar,  y, por encima de todo:  ser  sincero. Aquí no vale sólo una opinión tan banal como ‘me gusta’ o ‘no me gusta’: hay que ir un poco más allá y explicar el porqué sí o el porqué no, pues en esta exposición, también el crítico se manifiesta  y orienta al autor, y al lector.   

  El crítico ha de ver enseguida si lo que está analizando es un sentimiento que el autor incuba en su yo íntimo o es una fugaz emoción, pues su  juicio ha de ir también en la misma pauta que el objeto.  Hace poco, en una conferencia el poeta Joan Margarit, decía que a  él un poema le puede costar meses  terminarlo, y nunca menos de dos meses. Nadie puede hacer una crítica ligera a un proceso así, y desde luego que puede tener defectos de forma, sintaxis, ritmo, que al poeta se le pueden escapar porque es algo que está tan dentro de él que el escritor  oye con una voz y con un  tiempo distintos a los del lector-crítico, quien sí que  percibe un ruido indebido, por tanto, una labor así no puede aceptar una crítica superficial o interesada o manipuladora, porque entonces no podemos utilizar la palabra 'crítica' para definir nuestro argumento, sería más correcto entonces calificarlo de opinión, impresión o conjetura.  

  Con la  acertada crítica emitida en la mano, el autor  corrige,   cuando aún se  está a tiempo, o no se corrige si el escritor entiende que la crítica está descentrada o mal fijada.  ¿No hemos visto nunca críticas contradictorias respecto a una misma trabajo? Dicen que en la Francia ocupada, un grupo de oficiales nazis visitaron el estudio donde Picasso terminaba ‘El bombardeo de Guernica’, uno de ellos le preguntó al pintor que ‘quien había hecho esa mierda’, el pintor contestó que  ‘ustedes’. No había nada que corregir.
  Por esta razón opino que la crítica es un arte, y un arte difícil y no siempre agradecido,  ni por parte del autor ni por parte del público. En un seminario sobe literatura comentaba un corrector que Garcia Márquez aceptaba de muy buen grado las sugerencias de los correctores, mientras que su compañero de entonces, y ahora también premio nobel, a veces se había plantado en medio de la redacción vociferando contra los correctores porque quien se creían que eran ellos para corregirlo a él. 
  La crítica es absolutamente  necesaria porque, a través del lector-crítico, ayuda a ver al autor en  dónde no ha conseguido plenamente –nunca lo conseguirá- traducir a palabras el sentimiento, o reflexión,  que en el momento más puro de su génesis no era  más que una nebulosa  abstracta y sólo comprensible para la conciencia del autor, o al menos es lo que yo pienso y siento.


Gracias
Ll.L.S.


05/2016